La comentocracia decadente, el gran fracaso de la derecha

Para todos los que acostumbran leer las columnas principales en los diarios, resulta evidente que existe una campaña sincronizada, que tiene por propósito restar popularidad al presidente López Obrador. Esto es natural, cuando con argumentos sólidos, se critica el funcionamiento de cualquier gobierno. La oposición ejerce ahí un derecho fundamental.

El presidente lo ha dicho en reiteradas ocasiones: hay libertad total de pensamiento y expresión en nuestro país. Éste es un logro del que no habla la prensa conservadora, pero lo disfruta plenamente.

Esa campaña coordinada para restarle credibilidad al trabajo que desarrolla el gobierno federal, inició de manera más o menos correcta. Se pretendió atacar al presidente, comparando su inicio de mandato, con todo lo cuestionablemente “bueno” que nos dejó el neoliberalismo: indicadores macroeconómicos en rangos positivos, estabilidad financiera y proyectos considerados de vanguardia, como el nuevo aeropuerto en Texcoco. La prensa “fifí” criticaba fuerte, con la intención de que la vía neoliberal, fuera retomada por el nuevo presidente. Se negaban a aceptar que un cambio de gobierno, significaba el fin del paraíso donde se hacían ricos sus patrones, e incluso ellos mismos.

Andrés Manuel no tardó en hacerles ver que su gobierno, no significaba un natural cambio de administración sexenal, sino un proyecto nacional diferente, donde la corrupción y la impunidad, quedaban excluías. Los indicadores económicos son importantes, pero hoy en día, la atención social resulta prioritaria. El dinero del pueblo, regresa al pueblo en programas que atienden un amplio abanico de necesidades sociales.

Como fue claro que el neoliberalismo había terminado y que proyectos o sueños de enriquecimiento ilícito, al amparo del gobierno, no serían en delante posibles, los dueños del dinero y sus periodistas incondicionales, idearon la fase dos, de combate contra el presidente.

Presentaron toda iniciativa propuesta por Andrés Manuel, como inviable y al mismo tiempo, perjudicial para la economía, seguridad o para la vida saludable del país. El tren Maya, el proyecto para dinamizar el istmo de Tehuantepec, la termoeléctrica en Morelos y la refinería en Tabasco, fueron señalados reiteradamente por esa prensa, como acciones ineficaces, que terminarían provocando más daño que beneficios.

La Guardia Nacional, fue otro tema que se usó para descalificar el trabajo que, en seguridad, desarrollaba el nuevo gobierno.

Todos sus intentos fracasaron. Los planes estratégicos diseñados por el gobierno del cambio, siguen adelante, pues tienen como finalidad disminuir la enorme brecha entre ricos y pobres. El amplio desarrollo de la parte note del país, tiene que replicarse en el sur de la república, con proyectos importantes que sirvan como detonadores económicos en la zona más pobre de nuestro territorio. Los conservadores no han podido impedir que estos proyectos sigan avanzando y por lo mismo, en nada han dañado la credibilidad del presidente.

La tercera etapa de la campaña para desprestigiar al primer mandatario, inicia entonces. Ya no se trata de buscar puntos débiles al actual gobierno, porque en realidad no los tiene. Se trata simple y llanamente de mentir. Falsear información, inventar escenarios, trabajar en base a supuestas filtraciones, en aparentes trascendidos donde “alguien dijo, pero no nos consta” y en acusaciones carentes de sustento.

Es una campaña de lodo, donde la intención es salpicar de cualquier modo a la figura presidencial. La calumnia, cuando no mancha, tizna. Ese es el propósito de este último pataleo conservador.

Han inventado de todo, con tal de pegarle un poco al presidente. Desde la carta al gobierno español, donde se pide una disculpa a los pueblos originarios de México, por los abusos cometidos durante la conquista; los 16 elementos de seguridad a dos expresidentes, la salud física de López Obrador, el papel de su esposa en las decisiones de gobierno, etc. Todo se ha tratado con amarillismo, tratando de hacer una tormenta en cualquier vaso de agua. Y tampoco ha funcionado. Ninguno de estos asuntos es relevante por sí mismo. Además, el pueblo mexicano está aprendiendo a distinguir las noticias de fondo, de todo lo superficial, que sirve como arma a los conservadores, en sus ataques reiterados. El proyecto de nación de López Obrador, es lo importante y eso, lo saben los ciudadanos.

Hoy, un columnista de El Financiero, que tiene su portal personal en redes y que trabaja para Televisa, escribe una nota de opinión, donde acusa a López Obrador de ser “dormilón”, desobligado, flojo, de mal carácter, al que sus propios secretarios de estado temen, porque no toma en serio las actividades de gobierno. Dice que las mañaneras se han convertido en un circo romano, donde ningún funcionario quiere estar presente.

A ese nivel ha descendido la prensa que pide respeto y pretende credibilidad.

Inventar historias donde no hay argumentos y sí descalificaciones sin sustento, es un límite al que no debería llegar periodista alguno. Aquí quien más pierde es el que arroja lo peor de sí mismo, como producto de un trabajo innoble y falto de honestidad.

Leer en la actualidad este tipo de periodismo, produce risa. Es lamentable que muchos analistas, comentaristas y periodistas de la vieja guardia, deban prestarse a este tipo de acciones que manchan más a ellos, que a quien pretenden desacreditar en base a infundios.

La gente ha dejado de creerles y de leerlos por lo mismo No son confiables, ni objetivos. Están perdiendo la poca credibilidad que conservaban y parece no importarles, mientras sus cheques sigan llegando puntuales.

Es lamentable su comportamiento, pero a la vez, como dije antes, es de risa.

Las redes sociales, son una fuente confiable de información y cubren el espacio que este periodismo abandona de la peor manera.

 

Malthus Gamba.  
@MalthusGamba