JP Morgan proyecta para México un crecimiento del 6.7% del PIB, pero estima que podría ser mayor

Debido al impacto económico producto de las medidas de mitigación de la pandemia que azotó al planeta durante prácticamente todo el año de 2020, y cuyos estragos aún seguimos padeciendo en todo el orbe, la mayoría de las naciones del mundo entraron en crisis, algunas de mayor profundidad, otras con menor daño en sus economía, pero todas o casi todas han visto reducirse sus ingresos, tanto los individuales como las reservas y los ingresos de las naciones enteras.

Consecuencia de ello, cada país ha tenido que buscar fórmulas propias que les permitieran, primero detener la caída económica para evitar que se convirtiera en una emergencia que pusiera en riesgo la viabilidad como nación o quizá hasta su propia paz y tranquilidad social.

Así vimos a países como España, que hipotecó su tesoro nacional por, cuando menos los próximos 30 años, al solicitar créditos internacionales por más del 20 por ciento de su Producto Interno Bruto, lo que les significará sacrificar el estado de bienestar y los ingresos individuales de sus habitantes por, probablemente una generación más, obteniendo por ese endeudamiento una reducción del 10 por ciento de su PIB durante el año pasado.

Pero, por sombroso que parezca el considerar este sobrio escenario como algo alentador, economías mucho más grandes, robustas y supuestamente muy sólidas, no les fue tan bien como a España, o podríamos decir que a España le fue “menos” mal que a, por ejemplo, el Reino Unido, pues para paliar los efectos de la pandemia, se vieron obligados a contraer deuda por 2 billones 462 mil 276 millones de euros ó 2 billones 812 mil 412 millones de dólares, con lo que creció 239 mil 581 millones desde 2019 cuando fue de 2 billones 222 mil 695 millones de euros ó 2 billones 488 mil 307 millones de dólares, quedando en consecuencia entre los países con más deuda del mundo.

Pero a pesar de este gigantesco esfuerzo que hicieron los británicos, y que seguirán haciendo durante, al menos los próximos 10 a 15 años, según concuerdan varios economistas que analizaron este caso al detalle, no lograron detener la caída de su PIB como hubieran esperado, pues al cierre de 2020, la Gran Bretaña sufrió un duro golpe de 9.8%, que dado el tamaño de su economía, el monto de su circulante y la influencia global de sus empresas, el valor real de esos 9.8 puntos del PIB es de aproximadamente 2 billones 373 millones 878 mil euros, equivalentes a 2 billones 896 mil 131.6 millones de dólares

Como podemos apreciar, el indicador denominado Producto Interno Bruto no significa absolutamente nada por sí mismo, solamente toma relevancia cuando se conocen datos tales como el tamaño bruto y neto de la economía, el monto total de la masa monetaria circulante y el tamaño e influencia global de las empresas establecidas dentro del territorio del país que se analiza, pues es toda esta información la que da sentido y permite apreciar si, como estimó JP Morgan en su más reciente proyección para México, ubicándola con un crecimiento de al menos 6.7 por ciento en el PIB para 2021.

Para la economía numero décimo quince a nivel mundial, medido por su masa circulante, su deuda, pero también por su comercio internacional, una caída del PIB del 8.2 por ciento al cierre de 2020, y aunque para algunos analista es tema de extrema alarma, unos cuantos llegando al extremo de publicar estridentes artículos presagiando la peor crisis económica de la historia de nuestro país, otros comparándola con la hambruna sufrida recientemente en Venezuela, en realidad no es tal, pues estos agoreros del desastre no toman los otros factores que dan significado y relevancia al PIB, como por ejemplo, que dicha caída en realidad representó una pérdida de 1 billón 150 millones 470 mil dólares, el cual se podría liquidar con una tercera parte del presupuesto federal aprobado para ese año, a diferencia de Gran Bretaña cuya deuda adquirida suma ya el doble del total de su economía, o España quien a pesar de haber endeudado quizá hasta sus próximas dos generaciones, se le estima que apenas alcanzará el nivel que tenía en 2019 para mediados de 2022, cuando se cálculo que obtendría un magro crecimiento anualizado de entre 2.8 y, para los escenarios más optimistas, un 4.7 por ciento.

Y las mejores noticias para México no es que JP Morgan calcule un crecimiento del PIB mayor a 6.7 por ciento, sino que se trata de crecimiento neto, lo cual significa que ya se recuperó la pérdida de 8.2 por ciento sufrida el pasado año de la pandemia, y que la economía mexicana se encuentra ya sana y en franca recuperación, y todo sin adquirir un solo peso de deuda nueva, a pesar de los dantescos escenarios pintados por algunos analistas financieros, sobre todo nacionales, que parecen regocijarse al torturar a la población con futuros negros y premonitorios de un país en llamas.

Recordemos que esos mismos analistas pronosticaban una caída mayor al 20 por ciento con masivas pérdidas de empleos que dejarían a la mayor parte de la población desempleada, una inflación rampante y escases de productos básicos. Pero nada de eso se cumplió, la caída del PIB fue de poco más del 8 por ciento, que ya fue recuperada y vamos hacia un crecimiento mayor al 6 por ciento, los empleos perdidos por las medidas de mitigación de la emergencia sanitaria, ya fueron recuperados y vamos sobre la creación de alrededor de 1 millón de nuevos empleos, y la OCDE colocó recientemente a México como e séptimo país con mayor captación de Inversión Extrajera Directa, con un ingreso por este rubro de 29 mil 079 millones de dólares, la mayor captación de IED desde 1993.

Por todo lo aquí explicado, podemos ver y entender que la intención de quienes hacen alegóricos artículos, plagados de tecnicismos que prácticamente nadie utiliza fuera de los textos académicos en las licenciaturas de economía y finanzas, es precisamente revestir sus especulaciones en un halo de misterio, fomentado por la cultura aspiracional de sumisión a los grados académicos, a “los expertos”, y que se les crea todo lo que dicen, porque “ellos son los que saben” y nosotros somos simples mortales incapaces de comprender esas rebuscadas y complicadas teorías.

Y por eso, simplemente nos ven la cara, sacando cifras de contexto, como el uso del PIB como si fuera un indicador aislado, que nos muestra por sí mismo que la cuarta transformación “no hace nada” y “está acabando con el país, con las empresas y que odia a la clase media”.

Pero si tú, estimado lector, te tomas la molestia de leer el presente texto con atención, con datos duros, obtenidos directamente de fuentes como el reporte de la OCDE, la proyecciones de JP Morgan, el Presupuesto aprobado por la Cámara de Diputados y los informes del FMI y el Banco Mundial sobre los temas aquí tratados, te aseguro que tendrás un mejor entendimiento del funcionamiento de cualquier economía nacional y, sobre todo, argumentos suficiente para cualquier debate que sostengas con los conservadores.