Gatell frente a la industria de la desestabilización.

Por: Rafael Redondo
@redondo_rafa

La crítica hacia los gobernantes es absolutamente válida, lo que es intolerable y peligroso es recurrir a la mentira para intentar sostener esa crítica.

Esta semana los medios de comunicación convencionales convirtieron en un escándalo una declaración del Subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud Hugo López-Gatell para un programa de televisión.

La declaración: “…las narrativas de golpe se han conectado en la historia de Latinoamérica con golpe, golpe… Golpe de Estado. Y esta narrativa de los niños con cáncer que no tienen medicamento cada vez la vemos más posicionada como parte de una campaña de los grupos de derecha internacionales que están buscando crear esta ola de simpatía en la ciudadanía mexicana con una visión casi golpista…”

Lo que dijeron los medios: “López-Gatell acusa de golpe de Estado a los niños con cáncer”

La diferencia entre una y otra es abismal. Pero tal parece que el trabajo de los medios es la militancia y no el periodismo porque tenemos una lista enorme de información tergiversada o falsa todos los días apareciendo en los medios de comunicación. Como que AMLO atacó a las clases medias cuando en realidad sólo se refirió a un grupo ubicado en ese estrato social, que el Tren Maya va a destruir la selva cuando sabemos que los derechos de vía y el trazo de las mismas existen algunos incluso, desde el Porfiriato. Que Morena perdió una Mayoría Calificada en el Congreso, mayoría que no ha tenido nunca por tanto no podría perderla. Que el gobierno no apoya a la cultura dicen algunos dizque artistas en los medios (y digo dizque porque ni siquiera tienen claro que la cultura no es privilegio de ningún gremio) cuando este gobierno está trabajando a ras de tierra rescatando manifestaciones artísticas y culturales y no financiando películas donde el sinónimo de México es La Condesa y creadores acostumbrados a vivir de subvenciones. Gráficas distorsionadas, notas propagandísticas fingiendo ser periodísticas desde México o del extranjero y un largo etcétera. Éste fenómeno va más allá del simple error, de la incapacidad de quien trabaja en los medios, del deseo de figurar por parte de algunos “periodistas”… es el uso sistemático de la mentira. Yo esperaba que en lugar de que el Gobierno abriera un espacio para desmentir toara esa función algún periodista como Carmen Aristegui, pero tal parece que a ella también le hace falta hacer una seria autocrítica a su gremio y está aceptando convertirse en una pieza de comparsa de esta mentira cotidiana.

Por otro lado, las redes están plagadas de perfiles con datos absurdos pero que se fingen médicos para atacar a Gatell o se dedican a atacar a Claudia Sheinbaum por el tema línea 12. Médicos en los que su perfil se lee como lugar de origen El Cairo o indignados por el accidente del metro cuyo perfil dice ciudad de origen, Amsterdam.

Es decir, existe una maquinaria dedicada a construir narrativas con el objetivo de la desestabilización: hoy existe en México una industria de la desestabilización.

El asunto Gatell no terminó ahí. Los “padres” de los niños sin medicamento el 30 de junio bloquean el Aeropuerto Benito Juárez de la CDMX, aparece un reportero in situ tratando de entrevistar al menos a un padre de niño sin medicamentos pero, brillaron por su ausencia. La única madre que aparece dice que en el IMSS su hijo recibe el medicamento pero va a apoyar… ¿apoyar a quién?
Finalmente Denisse Maerker postea en Twitter: “… autoridades federales les comprobaron la entrega de medicamentos…” Es decir, en la marcha no había padres y los medicamentos sí existían.

¿Dónde se extralimitó Gatell al referirse a narrativas que tienen como objetivo el golpe?

Tenemos un vicio de asociar Golpe de Estado sólo a las Fuerzas Armadas pero esta visión es ya caduca porque no toma en cuenta la aparición y rol que juega la tecnología de la información en el fenómeno.

Naunihal Singh autor del libro “Seizing Power: The Strategic Logic of Military Coups” entrevistado por la BBC respecto a la destitución de Evo Morales en Bolivia aseveró: En un Golpe de Estado es “vital” la participación del Ejército pero advierte, que en un Golpe de Estado no sólo las Fuerzas Armadas están involucradas. Con el pasar de los años se vuelve más común que el Ejército sea solamente uno más de los muchos actores en una crisis política de gran escala”.

Erica De Bruin profesora del Hamilton College de Nueva York experta en relaciones cívico-militares también en entrevista para la BBC dijo: “Los golpes de Estado ocurren cada vez más mediante protestas públicas generalizadas y es muy difícil que estas protestas tengan éxito sin el apoyo de una fracción de los militares aunque se trate sólo de declaraciones públicas” (como en Bolivia).

Justamente es el caso boliviano el que tenemos más cercano en la memoria de una destitución presidencial con esta secuencia de hechos:

A) Bolivia va a elecciones en un entorno de bonanza económica y paz social.
B) Un intento de reelección detona desde la derecha y con el apoyo abierto de Almagro en la OEA, la construcción de una narrativa de “dictadura”. El temor corre por las redes sociales. El efecto es tan rápido que no hay tiempo para reflexionar. Hay algo amenazante en el ambiente y da igual si se trata de malaria, un meteorito o invasión extraterrestre. Lo importante es, la propagación del miedo.
C) Un llamado del Ejército y Evo Morales es destituido. Asume el poder un gobierno provisional bastante cuestionable.
D) Bolivia va a elecciones nuevamente y curiosamente, gana el movimiento encabezado por Evo Morales. Es decir, Bolivia regresa al mismo lugar en el que estaba antes de la crisis.

El papel protagónico de este periodo complicado para Bolivia fue la narrativa de dictadura que corrió como pólvora gracias a las redes sociales, no fueron las Fuerzas Armadas. Por eso hay tantos cuestionamientos sobre si fue o no un Golpe de Estado. La revolución tecnológica nos exige trabajar en la redefinición de conceptos para poder entender la realidad contemporánea.

Gatell no se extralimitó al hablar de narrativas que tienen como objetivo final el Golpe de Estado porque hoy, esos intentos de desestabilización inician por la propagación de retóricas con el objetivo de provocar y propagar emociones. Tampoco exageró al insertar la narrativa de los niños sin medicamentos entre otras muchas narrativas todas hasta hoy sin fundamento real, que son repetidas por los medios de comunicación, replicadas por sus periodistas y al final siempre va a haber alguien que las crea sin cuestionar su veracidad.

La conclusión: Llevar al país a la desestabilización política no le conviene a nadie.

Si los medios de comunicación convencionales creen que serán los únicos vencedores al meternos en una vorágine de desestabilización política se están tragando una de sus propias mentiras.

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