FOBAPROA (IPAB) Colmena mafiosa de la tecnocracia

Por Miguel Angel Lizama  @Migueliz8

El aviso en confianza que Ernesto Zedillo dio a un grupo de empresarios a pocos días de tomar posesión de la Presidencia, sobre que subiría la tasa de flotación del dólar (devaluación del peso), hizo que volaran a comprar dólares como desesperados, drenando las reservas internacionales del Banco de México hasta desplomarlas a 9 mil millones de dólares, la cifra más baja en su historia.

Cundió el pánico. Era anticipo de la quiebra del país, ante la imposibilidad de pagar la deuda a corto plazo de CETES y Tesobonos que Salinas emitió para financiar su enorme gasto en la ilusión de “país de Primer Mundo” y su búsqueda de la dirigencia de la OMC (Organización Mundial de Comercio). El nuevo Presidente del país, quien se promovió con el lema “SABE CÓMO HACERLO”, no supo qué hacer y se desconcertó.

Para enfrentar la fuga de capitales que ocasionó su torpeza (avisar a los carroñeros dónde habría carne), en vez de controlar la compra de divisas, Zedillo prefirió endeudar al país con préstamos de 20 mil millones de dólares de Estados Unidos; 17 mil millones del FMI; 10 mil millones del Bank for International Settlement y 3 mil millones más de Canadá y diversos países latinoamericanos. En total, el costo de este apoyo se calculó en 75 mil millones de dólares. Para pagar las deudas arrastradas, endeudó más a México. Los acreedores estaban felices.

Acompañó ese endeudamiento con “ajustes” macroeconómicos que incluyeron altas tasas de interés para retener inversionistas, pero que ocasionaron que los bancos subieran en forma descomunal sus intereses a préstamos e hipotecas (tasas activas), haciendo que muchas familias y empresas vieran un alza súbita en sus adeudos, imposibles de pagar. Hubo suicidios, ruinas de familias enteras, movilizaciones sociales desatendidas (El Barzón, Gerardo Fernández Noroña, etc.), pero Zedillo y la Tecnocracia permanecieron impasibles, preocupados sólo por “LA CULTURA DEL NO PAGO” INDUCIDA por el gobierno.

Con tal morosidad ocasionada por sus elevadas exigencias de interés sobre interés, los Bancos registraron una caída contable en sus libros, que llevó al gobierno federal a decidir un “rescate financiero”, NO DE LOS DEUDORES, SINO DE LOS BANCOS, que se conoció como FOBAPROA, y hoy se nombra IPAB, para hacer olvidar ese fraude monumental.

Como antecedente de este “rescate”, en 1983 Zedillo había “creado” desde el Banco de México (auténtico nido neoliberal), el FICORCA (Fideicomiso para Cobertura de Riesgo Cambiario) que asumió los pasivos por 12 mil millones de dólares de unas 20 grandes empresas (especialmente de la familia Garza Sada de Monterrey) endeudadas en dólares, para salvarlas de la quiebra. Curiosamente, muchos de esos rescatados del Ficorca se convirtieron en accionistas de los bancos privatizados que años después serían “rescatados” por el Fobaproa.

Por si no bastara tanta protección a los grandes capitales, primero industriales y después bancarios, en 1998 la Suprema Corte de Justicia de la Nación evidenció su “independencia, imparcialidad y salvaguarda de la Constitución”, al aceptar la insistencia de la Presidencia de la República para proteger a los bancos que padecían “la cultura del No Pago” (como la bautizó Pedro Aspe Armella, secretario de Hacienda con Salinas de Gortari), ante la insolvencia inevitable de los deudores, inducida por el gobierno.

Así se legalizó el ANATOCISMO, hasta entonces inexistente en el sistema jurídico mexicano, pero impuesto como práctica bancaria por el Banco de México, pasando por encima del Código Civil y el de Comercio y las leyes de Instituciones de Crédito y de Títulos y Operaciones de Crédito que la prohibían, usurpando una facultad exclusiva del Poder Legislativo que, en plena sumisión, no se atrevió a chistar.

Pero esta decisión de la Corte NO FUNCIONÓ IGUAL PARA LOS AHORRADORES, que también exigían el pago de interés sobre interés de sus ahorros, que en estricta lógica debían pagar los bancos por usar sus ahorros en los préstamos que concedían y de los que sí cobraban la usura legalizada por los ministros de la Suprema Corte.

Ahí si no fue pareja la cosa. La Presidencia de la República ordenó a los ministros de la Corte que no autorizaran la petición de los ahorradores para no afectar a todo el sistema bancario. Se trataba de ENRIQUECER A LOS BANCOS, NO PROTEGER A LOS CIUDADANOS.

La colmena mafiosa NO ERA PARA TODOS, sino sólo para el disfrute de los pocos “capos apicultores” que saben cómo aprovechar las mieles de la Corrupción con total impunidad durante muchos años previstos.

Pero hoy, con el CAMBIO DE RÉGIMEN encabezado por el PRESIDENTE ANDRÉS MANUEL LÓPEZ OBRADOR y el Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA), luego de la cancelación del aeropuerto en Texcoco y el amago de control de las comisiones bancarias, LA COLMENA MAFIOSA SE HA CIMBRADO.

Como todas sus celdas están formadas con operaciones bancarias INJUSTAS E ILEGALES, quizás delictuosas, su terror es que empiecen a desmoronarse ante el EMPUJE CIUDADANO. Ya se vio la reacción de banqueros, empresarios cupulares y opositores maiceados, cuando MORENA en el Senado anticipó su propósito de moderar las usurarias comisiones bancarias, no sujetas a ninguna libre competencia, sino a los acuerdos mafiosos en reuniones o comidas del Club de Banqueros.

El mismo López Obrador tuvo que salir al paso para atajar el alboroto y taponar las diarreas que ocasionó el inoportuno aviso. Prometió que no habría cambios financieros hasta la segunda parte de su sexenio, cuando los banqueros ofrecieron que moderarían su voracidad, aunque luego fueron difiriendo su cumplimiento para “Luego, Mañana y Nunca”, como ofrecen los sinvergüenzas. Hoy salen con que hacen todo para suprimir el efectivo y ampliar la bancarización del país. Compensan un pellizco con una mordida mayor.

FOBAPROA Y USURAS BANCARIAS (anatocismo y comisiones al alza con cualquier pretexto) son asignaturas pendientes que siguen perjudicando mucho al pueblo y que AMLO y Morena deben enfrentar CON DELICADA FIRMEZA Y SAPIENCIA, sin concesiones a la civilidad política, imbricada con el vampirismo característico de la tecnocracia del PRI y el PAN.

Como temen que la gente presione más mediante votos en las nuevas elecciones que se avecinan por todo el país, los Beneficiarios de la Corrupción (en la política, los Medios y las cúpulas empresariales) activan por todos lados alborotos, más ruidosos que efectivos, que desvíen la atención de la Colmena Mafiosa a punto de desmoronarse.

Para desactivar el enojo ciudadano, en vez de los ridículos que organizan con cualquier pretexto o los escándalos en las Cámaras del Congreso, los adalides políticos de banqueros, empresarios y Medios deberían ocuparse, de inmediato, en acompañar los esfuerzos diarios del Presidente López Obrador, acallar o por lo menos moderar a sus chachalacas alborotadas y proponer opciones sin sesgos para beneficiar realmente a la mayoría del país.

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