Fin de fiesta

LA CUERDA FLOJA
Por: @feralva61

Siempre en crisis debido a su escasa circulación originada por los bajísimos niveles de lectura del pueblo mexicano y al hecho de que abordan temas que al grueso de la población –distraída en ganarse el sustento- no le interesan, las publicaciones periódicas han dependido para su sobrevivencia del flujo propagandístico derramado por el ogro filantrópico.

Tomo como ejemplo de los tiempos más oscuros el número 121-122 de la revista Comunidad CONACyT, correspondiente a los meses de Enero-Febrero de 1981, número monográfico sobre la novela policiaca. La revista, se nos informa en su directorio, “se distribuye gratuitamente entre miembros y becarios del CONACyT en México y en el exterior”.

¿Y cuáles son sus avisos publicitarios? Advertencia: en la trascripción se respetó la ortografía original. Uno de Conasupo, “la institución que hace posible lo necesario”; de Banrural, “Vamos al grano. Nutrirse es lo básico”; de Ferronales, “Furgón, ayúdenos a servir, ¡…descárguelo en el menor tiempo posible…!”; del ISSSTE, “más beneficios económicos a trabajadores del issste”; de Fertimex, “balance y perspectiva de fertimex”; de la Lotería Nacional, “¡Estrene su calendario… haciéndose millonario!” La lista sigue, pero es inconveniente el abuso.

La publicidad, es obvio, no estaba dirigida a los becarios del CONACyT, y desde luego tampoco al pueblo que en teoría se beneficiaba de la labor de Conasupo y Banrural y en la práctica apoyaba con sus impuestos a una edición destinada al estudio de la novela negra. Se necesita de un ingenio muy romo para no adivinar que la publicidad era un subsidio o, para decirlo neoliberalmente, de una cooptación que tampoco tenía por qué incluir a colaboradores del número: Poniatowska, Monsivais, Mojarro, Pacheco, Rius, Souto, Spota, Tibol, Aridjis, Azuela, etcétera.

Más todavía, humillar con publicidad de ese tipo a la revista del CONACyT era lo mismo que afirmar: “no me van ni me vienen tus excéntricas ociosidades, por esto te destino esta publicidad de pacotilla para que quede claro quién manda aquí y que si no fuera por mí no existirías”.

Acciones como la descrita fueron parte de la pericia esquizofrénica del régimen priista, que por un lado no permitía espacios de participación autónoma a la sociedad pero al mismo tiempo se veía obligado a ofrecerle válvulas de escape a través de las cuales pudiera desahogar la presión, lo que a la vez le proveía la coartada de un rostro democrático, cosa que no era ni nunca lo fue hasta su caída, que se espera definitiva.

Pero todo tiene un límite y hasta la paciencia más franciscana se agota cuando la crítica es férrea. Le tocó a la revista proceso experimentar el disgusto de José López Portillo, incomprendido rapsoda aficionado a la creación de frases vacías: “Defenderé el peso como un perro”, “¡Ya nos saquearon, México no se ha acabado, no nos volverán a saquear!” La frase, para el caso que nos ocupa, es “Te pago para que me pegues, me pegas para que te pague”, con lo que el hombre evidenció que incluso la crítica se acogía a la sombrilla presupuestal. Y le quitó la publicidad a la revista.

Este no fue el caso de revistas como Nexos y Vuelta (izquierda, derecha, derecha, revés, cadena, como quien teje con gancho) que, sin lectores a la vista, siguieron vendiendo páginas y páginas de publicidad al Infonavit o a la Secretaría de Turismo, y publicando gacetillas bien diferenciadas del resto de la revista, cosa que a muy pocos importaba (y entre esos pocos no se hallaban ni de chiste los agraciados con un préstamo para vivienda y que tampoco eran incansables trotamundos como para preguntarse en qué promociones turísticas para ellos estaría pensando la secretaria Rosa Luz Alegría) y que sólo eran las varillas de una prótesis que apuntalaba la subsistencia de las revistas.

Aires de cambio soplaron en el país que obligaron a que esa publicidad se volviera discreta, menos brusca para que no se viera tan grosera la “maiceada”. Lo afirma el periodista Miguel Badillo de manera contundente: “Lo que sucede con Héctor Aguilar Camín, como con muchos otros escritores, es que les gusta estar cerca del poder porque les trae beneficios económicos y otro tipo de cosas, contratos, viajes, en fin. Desde antes que Salinas de Gortari asumiera la presidencia, Aguilar Camín estaba muy presente ahí con Salinas, lo adulaba y escribía a favor de él; esto fue premiado una vez que Salinas tomó la presidencia, le entregaba contratos, le compraba la revista Nexos”.

Las antiguas adulaciones mutaron provechosamente en servicios editoriales al gobierno. Se consiguieron apoyos a reuniones de intelectuales, como el “Coloquio de Invierno” organizado por Nexos en 1992, evento que dio origen al sainete protagonizado por las huestes de ambas revistas al culparse de mutua exclusión a sus magnos encuentros: como los agrupados en Nexos no fueron convocados al encuentro denominado “La experiencia de la libertad”, organizado por Vuelta en 1990, ellos en desquite los dejaron fuera de su coloquio. Así son los berrinches de los intelectuales.

Las genuflexiones por escrito también allanaron el camino a los préstamos de la banca de desarrollo: “El 18 de noviembre de 2014, Nafin le otorgó un crédito de 80 mdp a Comtelsat S.A. de C.V, dueña del diario (El Financiero)”, informa el portal Aristegui Noticias.

Los agasajos faraónicos mellaron el de por sí escaso filo crítico de los “comentócratas”, que cayeron subyugados por el poder y se comprometieron a mantener a raya a la opinión pública para orientarla hacia donde convenía a los regímenes neoliberales, porque favor con favor se paga cuando el trato es entre gente de bien.

Estas discrecionalidades desaparecieron con la llegada de la 4T, por lo que en la cancelación de canonjías y privilegios, y en el cierre del grifo presupuestal se encuentra la raíz del descontento informativo. No se trata de que los periodistas profesen una ideología opuesta a la 4T, tampoco se habla del planteamiento de un desacuerdo en la conducción económica, pareceres a los cuales se tiene todo el derecho del mundo. Se trata de una añoranza de los buenos viejos tiempos.

Caería en la candidez quien todavía creyera que los medios informativos tradicionales están preocupados por la marcha del país, o quien siguiera considerando a los comentaristas opuestos a la 4T como ángeles exentos de pecado que se abisman ante el horror del precipicio al cual nos conduce López Obrador y vuelven esos adelantados para advertirnos del peligro.

No parece conveniente tanta inocencia.

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