De neoliberales, ‘chayoteros’ y violencia

Jorge Ramos y Raymundo Riva Palacio son periodistas de la vieja guardia neoliberal, acostumbrados a mantener una insana relación de codependencia con el gobierno en turno, o con agencias y poderes fácticos nacionales y extranjeros, que cubran sus expectativas económicas.

“Chayoteros” es el nombre común para este tipo de profesionales de la mentira, que se fueron corrompiendo en relación directa al incremento de sus cuentas bancarias personales.

Cerraron los ojos ante los hechos de corrupción, violencia e impunidad que se dieron durante los 36 años de neoliberalismo. Buscaron la aprobación del presidente en turno y de los principales funcionarios de la administración pública. Fueron parte de la corrupción reinante y en el momento presente, cuando el país vive un cambio histórico, donde impunidad, corrupción y violencia son combatidas, se empeñan en defender las formas del neoliberalismo. Intentan hacer creer a los mexicanos, que las cosas eran mejores en tiempos del PRI y del PAN.

En los últimos días, tanto Jorge Ramos como Raymundo Riva Palacio, han criticado la estrategia humanista del presidente López Obrador, para combatir a la delincuencia organizada.
Hablan de la falta de resultados de este gobierno, en lo que corresponde a la disminución de la violencia en el país. Señalan que se siguen dando eventos en donde pierden la vida personas relacionadas con el crimen organizado.

Señalan que la mano del presidente actúa con demasiada laxitud, al dejar de realizar operativos armados, que culminen con la aprehensión o la muerte de las principales cabezas de la delincuencia organizada.

Incluso Jorge Ramos, en su asistencia a la conferencia mañanera del lunes en Palacio Nacional, preguntó al presidente López Obrador, si no iba siendo hora de “pedir ayuda”, para alcanzar mejores resultados en el combate a la violencia. Con seguridad, Jorge Ramos ve como posibilidad real, una intervención del gobierno de Estados Unidos en tierras nacionales, realizando actividades y asumiendo funciones que corresponden únicamente al Estado mexicano.

¿Qué le están proponiendo estos periodistas al presidente López Obrador, para agilizar el tránsito del caos heredado del neoliberalismo, a la etapa de paz y tranquilidad que todos anhelamos?
Su propuesta es el retorno inmediato a la estrategia de violencia represora, por parte del gobierno mexicano. Dicen que la visión presidencial de “abrazos y no balazos”, es equivocada. No ha dado los frutos inmediatos que ellos exigen.

Pero en el pasado neoliberal ¿alguien vio resultados apreciables cuando la estrategia se basó en los “balazos” y no en los “abrazos”?
Más tardaba el gobierno neoliberal en turno en abatir o apresar a la “cabeza” de un grupo criminal, que los delincuentes en empoderar al remplazo previamente acordado. La caída de los “grandes capos”, no dio resultado alguno, ni trajo paz al país.

Usar a las fuerzas armadas en la lucha contra los criminales violentos, solo agregó un factor de alta letalidad a la ecuación. No es un secreto el hecho de que la Marina, en los tiempos en que el PRI y de PAN encabezaban el gobierno de México, tenía la instrucción de no tomar prisioneros. Delincuente cercado, o rendido, terminaba muerto.
Fue tal el fracaso de esta estrategia violenta en la que se involucró a las fuerzas armadas, que el Secretario de Seguridad Pública, terminó trabajando para una de las bandas delictivas en el país. El brazo de la justicia en el México, era controlado por los criminales, en tiempos de Felipe Calderón.

Las muertes de civiles, a manos de las fuerzas armadas y delincuentes, fueron muchas. “Lamentables daños colaterales”, los llamaban estos gobiernos conservadores.
El enfrentamiento entonces no era como hoy, entre grupos delictivos. Las fuerzas de Seguridad Nacional, participaban en la matanza permanente.

Y la espiral de violencia crecía en todo el país, de manera alarmante. Ningún Estado de la república se salvó del creciente nivel de violencia imparable.

Y esa misma forma de enfrentar a la criminalidad, es la que recomiendan al gobierno de López Obrador, los grupos conservadores deseosos de un nuevo baño de sangre en todo el país.
El atacar las causas que originan y nutren la criminalidad, no interesa a los neoliberales. Ellos prefieren la fuerza del Estado, en un combate frontal contra los grupos de la delincuencia.
Que se congelen cuentas bancarias de los principales cárteles. Que las aduanas pasean al control de la Marina y el Ejército para evitar el contrabando y la corrupción. Que los decomisos de droga y armamento se den con una frecuencia antes desconocida. Todo eso no quieren verlo quienes llaman a la represión letal por parte del gobierno de la Cuarta Transformación.
Los Programas Sociales que brindan seguridad alimentaria al grueso de la población en el país, tampoco se entiende como estrategia para sacar de la miseria a miles de mexicanos, que antes pasaban a engrosar las filas de los distintos grupos del crimen organizado.

Ver como posibilidad que la DEA, la CIA u otra agencia norteamericana “brinde ayuda” a un gobierno mexicano en cuestiones de seguridad, debe ser entendido como traición a la patria. Es regalar en bandeja de plata la soberanía nacional.

Durante estos tres años del gobierno del cambio, la espiral ascendente en cuanto a muertes violentas, se detiene. Las Fuerzas Armadas no son un factor más de inseguridad en el país. Ni Ejército, ni Marina, se han manchado las manos con la sangre de mexicanos.

Están identificadas las ciudades donde se dan los enfrentamientos entre grupos criminales. Pero son pocos los puntos violentos. La mayor parte del país vive en paz. Cosa que no sucedía durante el neoliberalismo.

Pedir el regreso de la represión de Estado, es intentar revivir una estrategia que generó a los Genaro García Luna, Luis Cárdenas Palomino, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto. Esa es la propuesta conservadora.

La otra vía, la humanista, la propuesta por el presidente López Obrador, no derrama gota de sangre.

Lleva tiempo, pero limpia la casa de los mexicanos, sin “daños colaterales”, ni violencia combatiendo a la violencia.
Esas dos visiones están en pugna. Y el precio que paga el pueblo es distinto en cada caso. Con la Cuarta Transformación, se requiere trabajo y paciencia, para ver resultados. En el otro caso, el pago es con sangre.

A los periodistas conservadores, les molesta escribir sobre la violencia en el país, con tinta clara. Están apostando en este momento, a revivir la crónica roja sobre hechos de salvajismo y saña. A reseñar una guerra donde no puede haber vencedores. Páginas escritas con la sangre de mexicanos enfrentados.
No podemos permitir eso.

Somos más los buenos.

Malthus Gamba

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