De aquellos polvos vienen estos lodos

J. Verónica Ramírez R.
Socióloga

Inicio de la década de los años 90’s los intelectuales orgánicos mexicanos y continentales orientaron todos sus esfuerzos a publicitar y legitimar la llamada “transición a la democracia” en los países latinoamericanos. Revisar los artículos de prensa y los especializados de aquellos años es encontrarse con una mayoría aplastante de escritos más o menos sesudos reivindicando dos ideas: La Democracia Liberal y el Libre Mercado, como el futuro para América Latina.
Democracia Liberal significa, simplemente, garantizar los procesos electorales. Una democracia procedimental, diseñada y pensada para un CIUDADANO ABSTRACTO, un ciudadano ideal que solo existe en el pensamiento (neo)liberal

Libre Mercado. Lo que nombramos por lo que realmente es en el actual momento histórico: NEOLIBERALISMO. Un capitalismo global que atraviesa todas las fronteras, extrae la riqueza y evade impuestos a través de sus intrincados sistemas financieros globales, depreda territorios sin ningún tipo de responsabilidad ni trabas, etc.

Democracia Liberal y Libre Mercado fue la receta, la cara amable post golpes de Estado y guerra sucia promovidos por EEUU en toda América Latina. Estados Unidos y las potencias Europeas impulsaron esa agenda para lograr un tipo de imposición mucho más compleja que ha calado hondamente en las instituciones de los países de América Latina.
En ese contexto se creó el IFE en 1990 Un organismo diseñado bajo la cubierta ideológica de la “transición a la democracia”, procedimental, y en plena imposición radical del modelo neoliberal impulsado por Carlos Salinas de Gortari.

En 1992, Francisc Fukuyama publicó su ensayo “El fin de la Historia y el último hombre”. El delirio de los intelectuales orgánicos en México alcanzó niveles de paroxismo. Por fin, gritaban a los cuatro vientos, ahora ya todos eran ciudadanos liberales, disfrutando de las libertades del libre mercado, sin ningún tipo de sujeción más que sus deseos de votar y de comprar.
En 1995 el Latinobarómetro publicó que el 46% de los mexicanos decían no tener ingresos suficientes para cubrir sus necesidades; en 1998 esa proporción se elevó hasta el 59%, esos porcentajes o un poco más elevados se observan en todos los países del continente.

Esos eran los “ciudadanos liberales” para los que se creó una democracia procedimental, los que no les alcanzaban sus ingresos para poder vivir; pero claro, los intelectuales orgánicos que aplaudieron a Fukuyama y la “transición a la democracia” empezaron a hablar de “desafección política”, de “falta de cultura política”, etc., etc., Cuando el modelo muestra su cara real, pues se inventan palabros para alejarse del mal que generan.

Democracia Liberal y Libre Mercado engendraron y parieron al IFE, ahora INE; y a pesar de la supuesta “ciudadanización” que se ha pregonado en sus reformas, lo cierto es que sigue siendo el mismo.

Al paso de los años en los países de América Latina, incluido México, hemos ido aprendiendo a jugar con las reglas de la “democracia liberal” para impulsar proyectos políticos y sociales alternativos al “libre mercado” (neoliberalismo). Pero las instituciones que se crearon para garantizar la democracia liberal y el libre mercado, como el IFE, muestran su cara más sucia: Ellos están ahí para defender los intereses de los ganadores del “libre mercado” que fueron quienes los engendraron y la “democracia liberal” se les vuelve un problema, como está demostrando el IFE, dispuesto a cualquier artimaña con tal de mantener el status quo para el que fue creado.

Ahora son esas élites tecnócratas las que se encargan de retorcer, manipular, tergiversar cualquier ley o procedimiento para mantener a las élites del “libre mercado” a las que tanto les deben: sus estudios de posgrado, sus viajes, sus enormes sueldos y privilegios; y son expertos en ello, pues se conocen al dedillo todos los recovecos de una democracia procedimental diseñada por y para una élite económica. Eso es el INE, eso es el TRIFE, eso es la OEA.

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