“Chairos y Fifis”: Definiciones de la Cuarta Transformación en México.

Verónica Ramírez Rangel
@VeroRamRan.
Socióloga
Universidad de Valencia.

En el último año la sociedad mexicana se encuentra inmersa en un proceso de cambio social jamás experimentado en la historia contemporánea. Esta transformación no necesariamente tiene que ver con el remplazo del sistema de producción dominante, el capitalismo, que se impone de manera global con diferentes formas de expresión pero con la misma lógica de producción y reproducción de la riqueza, así como con sus consecuencias e impactos medio ambientales y sociales.
En México se intenta algo inédito en su historia sociopolítica: Instaurar un Régimen de Bienestar para la mayoría de la población a través de un procedimiento democrático, es decir, sin que preceda un movimiento social armado, aunque entre los estudiosos del tema es posible interpretar la agudización de la violencia en el país como una “insurrección sin revolución”, pero esta es otra discusión sobre la que es necesario reflexionar.

El lugar en el mundo donde se han desarrollado los Regímenes de Bienestar por excelencia ha sido Europa. La gran aportación europea para la acción social y política está inspirada en los logros históricos de estas sociedades que construyeron regímenes e instituciones que protegen (o protegían) a sus ciudadanos de los riesgos sociales a los que están expuestos sus ciudadanos a los largo del ciclo de la vida: enfermedad, infancia, juventud, vejez, desempleo, minusvalías, etc. Los Derechos Sociales, derechos de tercera generación, se vieron plasmados en sus constituciones y forman parte en mayor o menor medida de las instituciones de sus Estados y sobre todo de las representaciones colectivas en las sociedades de los países europeos.

Pero esos Derechos Sociales no son una dádiva de un pequeño grupo o élite que decidió otorgarlas. Fue fruto de un contexto histórico, post II Guerra Mundial, pero sobre todo de largas luchas sociales y políticas que reivindicaron estos derechos a costa de la vida de miles de ciudadanos, basta revisar la historia de los partidos socialistas y comunistas en Europa, esas movilizaciones sociales configuraron los Estados de Bienestar europeos que, hasta hace poco, han dado cobertura a su población a través de pactos y negociaciones políticas que cristalizaron en formas institucionales diseñadas para sus ciudadanos en general.

Sin embargo esos pactos se han roto en Europa. La políticas teacherianas y de la era Reagan se impusieron en el mundo dando lugar a la era Neoliberal que estamos viviendo y sufriendo en todas sus consecuencias en el viejo continente y peor aún en América Latina. La imposición de las políticas neoliberales no es pura ingeniería financiera y de capitales, es también la imposición de formas de ver la vida, de sentirse en el mundo pero sobre todo de relacionarse con un pequeño grupo, élite, que se beneficia del modelo económico. En Europa, cuna de los regímenes del bienestar se están sufriendo también las consecuencias de este modelo. En palabras de Igome Tyler:

La transición de el capitalismo industrial al financiero (neoliberalismo) en Europa ha llevado a la profundización de las desigualdades de ingresos, salud y oportunidades de vida dentro y entre los países, en una escala no vista desde antes de la segunda guerra mundial “(Hall et al., 2014: 9). En este contexto, la clase es un punto esencial de orientación para la sociología si se trata de comprender el problema de la desigualdad en la actualidad. (Tyler, 2015:494)

Los efectos devastadores de la imposición del sistema económico neoliberal están siendo estudiados en Europa porque en este momento se plantea la necesidad de reelaborar sus principios y referentes para poder contrarrestarlos. Hay un grupo de investigadores, liderados por Tyler que sigue la estela de Pierre Bourdieu, que encuentran que las luchas sociales en Europa se encuentran en la esfera de la clasificación social, de las representaciones sociales.

“una comprensión de la clase como luchas contra la clasificación. De esta manera, la sociología puede contribuir al desarrollo de alternativas sociales e imaginarios políticos contra la biopolítica de la desechabilidad, sintomática de la gobernabilidad neoliberal” (Tyler, 2015:494)

En México hemos padecido de manera ominosa la biopolítica de la desechabilidad en la que los pobres lo son además de por su clase social por su color de piel, han sido desechables (se les elimina a cambio de territorios), desdeñados (da igual si viven o mueren por lo que sea), hundidos en la pobreza o en la precariedad, típica forma de sobrevivencia darwiniana que está en la base de la ideología política neoliberal. Tan ha sido así que las cárceles están llenas de pobres y la inseguridad no formó parte de la agenda pública hasta que les afectó a la clase social dominante.
En Gran Bretaña se habla de la “Broken England” para señalar una profunda crisis social, política y económica que se justifica ideológicamente en comportamientos individuales; en México ni siquiera se había debatido, hasta ahora, sobre las causas de la pobreza que afecta a la mitad de la población. Esta crisis social se legitima a través de la ideología e instituciones del mercado. En Gran Bretaña ahora se habla de “los asistidos”, que antes formaban parte del Estado de Bienestar como ciudadanos con Derechos Sociales pero que ahora son culpables de todos sus males individuales, llegando al extremo de emitir un reality show (Benefits Street) en donde se trasmite una imagen de “aprovechados” y “holgazanes” de aquellos que reciben asistencia social como parte de las políticas del Estado de Bienestar, afortunadamente este lamentable programa de televisión ha recibido una repulsa social porque la sociedad británica mantiene en su cultura política la idea de los derechos sociales como parte de la construcción del tejido social.

En México el despojo y control social adquirió formas muy violentas. Desde la aberrante precariedad laboral hasta la llamada “guerra contra el narcotráfico” y todas las formas de violencia cotidiana. Esta forma brutal de imposición del neoliberalismo requería un sustento ideológico. Además de la invisibilización de los procesos de empobrecimiento de gran parte de la población por parte de los medios de comunicación hegemónicos así como de las formas de disidencia, se construyó una categoría de desprecio ideológico a los grupos sociales que intentaban transformar la situación: Los Chairos.

Tengo entendido que el término “chairo” surgió en forma de burla entre un grupo de estudiantes que recriminaba a uno que manifestaba su malestar por el orden de cosas en la sociedad mexicana. Independientemente de su origen, la cuestión es que al paso del tiempo (que no ha sido mucho porque en este momento histórico los tiempos sociales parecen ir muy acelerados), la cuestión es que la definición de “chairo” surgió como menosprecio, complacencia o burla hacia aquellos que “soñaban” construir una sociedad más justa. El termino “chairo” fue asumido con sentido del humor o al menos sin conflicto por todo aquel sector de la población en México que piensa que es posible y necesario un cambio en el actual orden social en México. Entonces el termino “chairo” que surgió con una intención de clasificación estigmatizante fue apropiado por ese sector de la población que no le importa cómo le llamen siempre y cuando los ideales por construir una sociedad más justa y democrática sea lo que los identifique.

No pasa así con el término “fifi”. Si el “chairo” surgió como el desprecio a un ideal, el “fifi” está en la antípoda, en el mantenimiento del privilegio y la dominación. Recuerdo haber escuchado por primera vez el termino “fifi” en la película “Nosotros Los Pobres” en un diálogo entre la Guayaba y la Tostada refiriéndose a la actitud altanera y despreciativa de la mujer rica y criolla que acudía a la vecindad para arreglar un “asunto de familia” (siempre los “asuntos de familia” en esta clase social). Sin embargo, el termino regresó a la arena de debate público en una conferencia matutina del actual presidente de México en el mes de diciembre de 2018, donde dató su origen en tiempos porfirianos dando al mismo un sentido histórico profundo que reflejaba la división social que ya entonces se preconfiguraba en México.

El termino “fifi” no divide. La sociedad en México ya se encuentra profundamente dividida por una enorme brecha de desigualdad. El término “fifi” lo que hace es aludir a un grupo social que se ha beneficiado de esa desigualdad. Lo “fifi” ha evidenciado no una posición económica, aunque algunos de “clase media” se dicen molestos por el termino; el termino fifi alude a una relación de dominación estructural que despoja y empobrece a amplios sectores de la población (incluidos algunos de los que ahora se autodefinen “clase media”). En palabras de Tyler:
“La clase, en cualquier contexto histórico, lenguaje popular, técnico o político con el que se comunica (incluso cuando ese idioma está articulando afirmaciones de falta de clase), es un reconocimiento de la distribución desigual de los recursos (económicos y simbólicos) y los procesos de explotación que los acompañan. despojo, y empobrecimiento que produce a los muy ricos como la clase privilegiada que vive del resto de nosotros” (Tyler 2015:498).

Y es posible que muchos de los que más amargamente se quejan de que el termino “fifi” divide simplemente sean voceros de una ideología que ha hecho posible mantener ocultas las relaciones de dominación económica y cultural que han llevado a México a una situación de alarmante desigualdad social. Tal vez porque ellos, especialmente quienes se dedican al trabajo intelectual, no les gusta que los llamen “fifís” por no sentirse parte de la dominación como tampoco se sienten “pobres” por no identificarse con la clase subordinada, cuando también son minoría en el país. Este fenómeno no es propio de México, también sucede en Inglaterra en donde la clase media defiende los privilegios del orden social dado que se encuentran sometidos a la presión de ser desplazados.

“Si bien me he centrado en el impacto de la culturalización de las luchas políticas en quienes se encuentran en la parte inferior de la estructura de clase, es importante recordar que la precariedad del neoliberalismo no se limita a quienes viven en la pobreza. Como señala Joe Rigby, “el antagonismo entre el capital y el trabajo ya no se concentra en lugares específicos de trabajo, sino que atraviesa a toda la sociedad” (Rigby, 2014: 87). Por ejemplo, durante la actual “crisis” del capitalismo financiero, muchos trabajadores de la clase media que una vez fueron “acomodados” también se enfrentan a condiciones extraordinarias de ansiedad a medida que aumentan las cargas de trabajo, se reescriben los contratos de trabajo establecidos, se devalúan las pensiones y se someten a una gran variedad de tecnologías de vigilancia y control”. (Tyler. 2015:506

El término “fifi” les resulta muy incómodo y molesto a la clase social privilegiada en México porque hace evidente relaciones de dominación que habían mantenido ocultas bajo constructos como: libre mercado, macroeconomía, competitividad, etc. Es un término muy eficaz para el imaginario político en México. Los grupos subordinados lo entienden en toda su dimensión que no es solamente económica –alguien puede acumular cierta riqueza y no ser “fifi”- es una relación de clase, de dominación económica, política, cultural y hasta racial; es ese grupo privilegiado que desde su posición dominante movilizan todos sus recursos para mantener dominada y empobrecida al resto de la población.

Por esto el análisis y la parodia de lo “fifi” en un medio de comunicación como la televisión pública ha sido una afrenta para la clase dominante. Si se desnudan las estructuras de poder entonces pierden efectividad y eso es lo que está sucediendo en este momento en México. Todos los recursos simbólicos en los que legitimaba su dominación económica y política ese grupo de los “fifís” están siendo desnudados y esto tiene un gran poder de transformación porque los grupos subordinados se dan cuenta que ese poder sólo se sustenta a partir de la aceptación del mismo. Esta es la razón por la que quieren desaparecer los programas de televisión que se han atrevido a abordar estos temas, los “liberales” contra la libertad de expresión –una contradicción que no es tanta viniendo de ellos- porque esta les supone un cuestionamiento de las ideas sobre las que han construido su dominación.

“El “conjunto de ideas poderosas” que niega la pobreza y condena moralmente a “los pobres” se origina en la socialidad televisiva (2013: 286). Estos marcos perceptivos generan nuevas “injurias ocultas de clase” (Sennett y Cobb, 1972), a medida que la “desigualdad se filtra a través de la piel” (Tyler.2015:505)

Una sociedad democrática de ciudadanos y ciudadanas iguales es insostenible sobre la base de una profunda desigualdad social. La desigualdad social tiene su base en formas de dominación económica, política y cultural pero necesita legitimarse a través de procesos ideológicos que hacen pasar como “natural”, “normal” o simplemnte invisibilizan la dominación y sobre todo al grupo que se beneficia de ella. La distinción entre “chairos” y “fifís” en México sólo es conflictiva en tanto estos últimos se nieguen a reconocer su posición de privilegio, se nieguen a aceptar que todos sus beneficios económicos, culturales y sociales han sido construidos sobre la base del empobrecimiento y la negación de los derechos sociales que todos merecemos.

Bibliografía
Tyler, I. (2015). Classificatory struggles: class, culture and inequality in neoliberal times.
The Sociological Review , 63, 493–511.

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