Ayutla de los Libres: entre la comunidad y la reacción

Por: @DavidBe74096312

Ayutla de los Libres: entre la comunidad y la reacción

El pasado 7 de julio, en el marco del proceso de consulta previa, libre e informada para la reforma constitucional y legal sobre derechos de los pueblos indígenas y afromexicano, organizada por el Instituto Nacional para los Pueblos Indígenas (INPI) y la Secretaría de Gobernación (SEGOB), debía desarrollarse uno de los foros consultivos en el municipio de Ayutla de los Libres, en la región de la Costa Chica del estado de Guerrero. Sin embargo, éste fue impedido por un grupo de personas inconformes, bajo el argumento de que, a través de este foro, los indígenas del municipio pretendían elevar a rango constitucional la forma de elección por sistema normativo propio en el municipio. El temor de este pequeño grupo de opositores es la posibilidad de decirle adiós a la elección municipal a través de partidos políticos, y lo que para ellos resulta aún peor, despedirse por siempre de la figura de presidente municipal para que en su lugar opere un “concejo de gobierno comunitario” como actualmente, y después de la elección del 15 de julio de 2018 ocurre en el municipio, y porque esto implica decirle adiós a los beneficios que obtenían de mantener el control político de la alcaldía.

Este tipo de hechos no son una novedad en el municipio, por el contrario, los conatos de violencia y las abiertas manifestaciones de racismo, como las exhibidas el domingo 7 de julio en la “Plaza de la Paz” por este grupo, iniciaron al mismo tiempo que los pueblos indígenas buscaron de manera legal se les reconociera su derecho a elegir su forma de gobierno de acuerdo con sus “usos y costumbres”. Esta élite de “mestizos” (como ellos mismos se denominan para marcar una muy imaginaria diferencia con los “indios” y “negros”, aunque hubo quien, voz en cuello decía: nosotros somos criollos, nuestros abuelos fundaron este pueblo) conformada por ex-empleados del ayuntamiento, familiares directos e indirectos del matrimonio Castro Aldaco que gobernó Ayutla por dos trienios bajo el emblema del Partido Verde y que pretendían imponer en el gobierno municipal a su hija para el siguiente periodo 2018-2021, es la misma que a lo largo de los tres años que duró el proceso legal para cambiar la forma de gobierno, intentó sabotear esta lucha. Con una abierta campaña de desprestigio de las formas comunitarias de organización política, bajo el argumento de que la elección por usos y costumbres era para los “indios” y que por lo tanto representaba un retroceso; con amenazas veladas y directas a los promotores de la iniciativa y a las instituciones académicas que acompañaron el proceso; con el uso directo de la violencia; prácticas clientelares y el uso de recursos legales, explotaron todas las vías posibles para reventar el proceso que terminó finalmente por arrancarles el poder de las manos y poner un freno a la serie de agravios que habían infringido a los indígenas y afromexicanos del municipio.

El triunfo legal en Ayutla para el cambio en la forma de gobierno representa un hito en la historia del estado de Guerrero, ahí, por primera vez en esta entidad los pueblos indígenas han podido de manera legal zafarse del yugo que durante largo tiempo ha representado el sistema de partidos y el monopolio que sobre el poder político habían construido a sangre y fuego; pero, sobre todo lograron poner freno al cacicazgo de la “familia verde” que había hecho del ejercicio de gobierno un negocio privado desde el que se enriquecieron ellos y sus cercanos, los que hoy son el grupo opositor que logró obstaculizar el ejercicio del derecho de los pueblos indígenas a la consulta previa, libre e informada. Pero en Ayutla se juega algo más que este derecho de los pueblos indígenas a ser consultados, se juega la viabilidad de un proyecto empujado desde las comunidades por construir un gobierno más horizontal e incluyente, más justo y equitativo. La responsabilidad del Concejo de Gobierno es dar el ejemplo a otros municipios de la entidad y del país de lo que verdaderamente debe ser el gobierno, un ejercicio de toma de decisiones donde el bien público esté por encima del bien privado, pero, sobre todo, que la vía comunitaria es una vía factible para regresarle a los pueblos un poco del valor y la dignidad que les ha sido arrebatada y pisoteada durante siglos por los distintos gobiernos. El ejemplo de Ayutla puede constituir el pilar sobre el que se construyan lo futuros gobiernos comunitarios en Guerrero, un estado con una fuerte presencia indígena, pero paralelamente con un alto grado de racismo; el parteaguas desde el que se muestre a los partidos políticos que no se puede gobernar sin los ciudadanos o a sus espaldas; y a los caciques que el tiempo del poder absoluto amparado por los gobernadores en turno, el partido oficial y el gobierno federal, corresponde a una época pasada. Esto, en medio de un contexto complejo, donde las élites que han ostentado el poder durante largo tiempo harán lo posible por descarrilar el proceso y restablecer lo que consideran una situación de normalidad donde ellos y sólo ellos hacían su real y pontificia voluntad.

Lo sucedido en Ayutla el pasado domingo 7, es la expresión de una élite local rabiosa porque ha perdido el poder y sus privilegios, por ello no tienen empacho de hacer alarde de su racismo al exigir que los eventos de los “indios” se realicen en las comunidades (consideradas indígenas) y no en la cabecera municipal, que, según ellos es mestiza. O en exigir que en el espacio de la consulta se incluya a la “gente de razón” y no solo a los indígenas. Pero lo sucedido en Ayutla es también un botón de muestra de lo que a nivel nacional acontece. Los discursos de este grupo acusando que “los hermanos indígenas (sic)” no pagan impuestos mientras que ellos, los mestizos, sí, no difieren mucho de los discursos que a nivel nacional acusan a los pobres de no pagar impuestos o no trabajar lo suficiente. Hubo quien incluso llamó a que los mestizos no pagaran impuestos, para según él, pegarle al gobierno comunitario en donde más le duele, y así obtener la atención del gobierno estatal y federal para reestablecer lo que ellos llaman gobierno democrático en el municipio.

En Ayutla se juega la posibilidad de superar el sistema de partidos políticos ya caduco; de sentar un precedente organizativo y de gobierno democrático sobre una base comunitaria incluyente y plural; de hacer de lo comunitario una vía frente a la depredación capitalista o bien, sucumbir ante la reacción.

David Benítez
Profesor investigador UAM-Xochimilco
Twitter: @DavidBe74096312

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