AMLO da luz verde a consultas para enjuiciar expresidentes; el pueblo decide

La realidad cambia constantemente para todos los seres humanos.

Hay épocas de bonanza en donde las cosas marchan bien y no hay nubes en el horizonte. Gozamos de todo el bienestar que brinda la vida y somos más o menos felices.

Pero por experiencia, sabemos que estos estados no son permanentes. Siempre llega la temporada mala, donde esa estabilidad se pierde temporal o permanentemente y hay que afrontar los nuevos restos con una visión distinta.

Muchos entienden este fenómeno de permanente mutación, que se da a nivel personal y social.
Otros desafortunadamente, no comprenden con facilidad que las cosas cambian y que las reglas anteriores resultan inútiles en el momento actual.
Este es el caso de Felipe Calderón, uno de los expresidentes más enamorados del poder.
Calderón se mueve dentro del círculo de sus allegados, del mismo modo en que lo hacía cuando desempeñaba el cargo de mayor responsabilidad en el país.

Ordena, dispone, ejecuta y actúa, como si nada hubiera cambiado.

Sabe que no tiene la banda presidencial en el pecho, pero su manera de actuar es la misma que le vimos durante su sexenio.
Felipe Calderón confía en un poder personal que no tiene ya. Piensa que ese poder es apreciado por el pueblo de México y que con sus palabras y mensajes en redes sociales, puede lograr que la gente apoye su proyecto político.
Eso lo hace cometer errores catastróficos.

Desde su llegada al gobierno del país, el actual presidente López Obrador manifestó claramente sobre su posición respecto al juicio que la sociedad mexicana exigía para los expresidentes neoliberales que saquearon al México.

Su apreciación personal, está basada en la idea de que el gobierno de la Cuarta Transformación no debe perder el tiempo en procesos judiciales que empantanen el curso del cambio que vive nuestra sociedad. Piensa que estos juicios quitan tiempo y recursos al gobierno.
Por eso era de la idea de aplicar una medida que puede calificarse de “Punto Final”. Ver hacia adelante y olvidar el pasado.
Las denuncias presentadas en contra de los servidores públicos, incluidos expresidentes, deben seguir su curso. Pero sin centrar la política del país en el enjuiciamiento de los anteriores responsables de la dirección de la nación.
López Obrador abría la puerta para que Carlos Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo, Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, pudieran vivir en paz, no obstante el desastre nacional que provocaron.
Pero al parecer, algunos de estos expresidentes no entendieron que se les brindaba una oportunidad de oro para que sus fechorías pararán al archivo de la Historia Nacional, sin mayores consecuencias. Sobre todo Felipe Calderón.

La guerra sucia que este pequeño personaje ha desatado en contra del actual gobierno, aparte de miserable y mentirosa, por sus endebles argumentos, no ha conseguido mover a una sociedad que desprecia abiertamente a todo lo que suene a neoliberalismo, en favor de la causa de Calderón.

El pueblo de México no lo ve con respeto y mucho menos con agradecimiento por el trabajo desempeñado. Su gobierno fue un fracaso evidente y la gente en el país lo sabe.

Felipe Calderón representa lo peor del neoliberalismo. Está siendo investigado en la Unión Americana y él lo sabe. El juicio que se sigue a Genaro García Luna por delincuencia organizada y lavado de dinero, lo toca de manera personal. Nadie cree que su Secretario de Seguridad, actuó permanentemente al margen de la Ley, sin que él tuviera conocimiento de sus delitos.

El caso Odebretch se está conociendo cada día más, gracias a las declaraciones que ha hecho Emilio Lozoya. Calderón está en el centro de estos actos de corrupción.
La Unidad de Inteligencia Financiera sigue en este momento la actividad en las cuentas bancarias y negocios de quienes integran el círculo de confianza de Felipe Calderón.

El momento de poder del expresidente pasó y él no se ha dado cuenta. Vive en el pasado, pensando que aún puede dirigir al país, de acuerdo a sus intereses y conveniencias.

Desde el viernes de la semana pasada, cuando el “chayotero” #LordMontajes, al servicio de Calderón, filtró un viejo video intentando acusar a la familia del presidente y al mismo titular del ejecutivo, de recibir dinero de procedencia ilícita, López Obrador dejó en claro una situación.

“Esto es de ida y vuelta”, o “El que se lleva, se aguanta”, fue la idea central transmitida, aunque con otras palabras.
Hoy en la conferencia mañanera, pudimos apreciar que la posición de López Obrador respecto al juicio a los expresidentes, se mueve un poco respecto a su postura inicial.

López Obrador nos dijo hoy que hay un tiempo legal para presentar la solicitud para una consulta en este sentido.
Si queremos que se juzgue a los expresidentes, hay tres caminos:

El más apropiado sería que la sociedad organizara la consulta y lograra que votara a favor el 2% del padrón del INE.
La segunda opción, es que una de las dos Cámaras en el Congreso, solicite esa consulta, respaldada con el voto de una tercera parte de los legisladores.
La tercera vía, es que el presidente solicite personalmente la Consulta.
La sociedad tiene ventaja si consigue las firmas, pues no se requiere más trámite.

Si lo hace alguna de las Cámaras o el presidente, esa solicitud debe ser ratificada por el Congreso por mayoría y por el Poder Judicial también.

Todo debe hacerse antes de que finalice septiembre de este año, pues hay plazo legal para el trámite.
López Obrador, sin decirlo abiertamente, invita al pueblo de México a organizar esa consulta con miras a enjuiciar a los corruptos expresidentes del pasado.

Y dice algo más:
Él, como presidente de México, esperará hasta el último momento para ver qué sucede con las otras opciones y no descarta presentar, en su calidad de titular del Poder Ejecutivo, esa solicitud, si las otras dos alternativas no progresan.
López Obrador votará como lo ha dicho, en contra del enjuiciamiento. Pero abre las puertas para que sea el pueblo de México el que decida finalmente lo que debe hacerse.

Felipe Calderón piensa que disfruta de un poder ilimitado, sin darse cuenta de que el verdadero poder, el real, el que cuenta, lo tiene en este momento López Obrador. Un movimiento del actual presidente destruye en un instante el castillo de naipes que con esfuerzo, mentiras y dinero, construyen dificultosamente las fuerzas opositoras.

Hoy inicia la carrera para armar la consulta y proceder al enjuiciamiento de los exmandatarios neoliberales.
La consulta debe estar lista y presentada antes de que termine septiembre. Pero es un hecho que se hará.
López Obrador ya está jugando un papel principal para que se lleve a cabo.
Ese es el fruto del esfuerzo de la derecha. Un autogol que llevará ante los tribunales a quienes fueron líderes de partido y máximas autoridades en el país.

Los tiempos cambiaron. El poder pasó a otras manos. Pero Felipe Calderón y otros corruptos neoliberales, no lo entienden aún.

Malthus Gamba