A pesar de las resistencias; México dice no a la comida chatarra

El doctor Simón Barquera, director del Centro Nacional de Investigación en Nutrición y Salud del Instituto Nacional de Salud Pública, informó que más del 75% de la población adulta en México sufre de sobrepeso y obesidad.

De acuerdo con esta información, en los últimos 18 años la obesidad en los adultos ha aumentado en 42%; lo más grave es que en los niños y adolescentes esta condición se ha incrementado en 87%.

Más de 106 mil muertes al año se deben a la diabetes, una enfermedad fundamentalmente detonada por el exceso de azúcar en la sangre, siendo la 2ª causa de muertes por enfermedad en el país, sólo detrás de los padecimientos cardiovasculares.

Las investigaciones señalan la falta de regulación en el ambiente alimentario, como la causa de que esta epidemia se disparara en México. Sólo en la década comprendida entre 1980 y 1990, el consumo de bebidas azucaradas aumentó en 40% y el de frutas y verduras disminuyó en 30%.

En este escenario, liderados por el Estado de Oaxaca y luego Tabasco, los Congresos de otros 18 Estados incluyendo a la Ciudad de México se encuentran en el proceso de prohibir la venta y regalo de bebidas azucaradas y alimentos chatarra a los niños, a fin de detener esta epidemia por la que mueren decenas de miles de mexicanos anualmente.

Este padecimiento además coadyuva en la muerte de muchas personas a causa de otras enfermedades como el COVID-19, convirtiéndolo en una de las epidemias más letales para la población.

Una vez conociendo esta realidad, sería deseable que las empresas productoras y comercializadoras de estos productos, como FEMSA-CocaCola, Sabritas, Bimbo y algunas otras que se han beneficiado del envenenamiento sistemático de la población mexicana durante décadas, tomaran consciencia y modificaran sus fórmulas y sus líneas de producción, para evitar en el futuro seguir siendo uno de los factores que provocan la muerte de sus consumidores.

Pero no solamente no lo hacen, sino que ahora el mismo Presidente del Consejo Coordinador Empresarial, Carlos Salazar, se lanza a la carga en contra de las medidas que están tomando los Congresos estatales para frenarlos.

Según este sujeto disfrazado de hermanita de la caridad, es un error enorme que se prohíba la venta y regalo a los niños de los productos que los dañan, porque se estará afectando la economía de miles de negocios pequeños que distribuyen esta basura en todo el país, en lugar de invitar a las grandes empresas responsables de producirlos, que forman parte de su organización empresarial, para que cambien sus contenidos.

Incluso invita a los presidentes municipales a que formen una primera línea de defensa en contra de las legislaciones que intentan proteger la salud de la población.

Lo que está haciendo en realidad este personaje, es tratar de formar una línea de ataque contra la salud de los mexicanos para priorizar las finanzas de sus agremiados. Algo parecido a lo que el sátrapa de Salinas Pliego ha intentado durante la pandemia. Que se mueran los que se tengan que morir mientras la economía de sus empresas funcione.

Por desgracia para ellos, este país ya cambió. Nadie está en contra de que las empresas vendan sus productos, y de que vendan mucho y en todas partes, siempre que esto no implique perjudicarnos a todos.

Los legisladores estatales están haciendo su trabajo, que es legislar en beneficio de la mayoría de los mexicanos; y esa minoría voraz que se han beneficiado siempre, porque antes el bien común no importaba, van a tener que reestructurar sus negocios si quieren sobrevivir en el mercado.

Como lo dijo Alejandro Jodorowsky, cineasta y filósofo nacido en Chile y naturalizado francés: “Quienes se sienten incompletos interiormente, son voraces de las cosas exteriores. Creen que acumular es ser”