130 mil personas arroparon a AMLO en su primer grito

A diferencia de lo que trataron de imponer como idea que el pueblo está triste, este 15 de septiembre quedó constatado para la historia que era un pueblo que estaba “feliz, feliz, feliz”, y lo gritaba.

Antes de que el presidente Andrés Manuel López Obrador apareciera en el balcón central, los gritos no se hicieron esperar:

¡Viva el presidente López Obrador!, “¡Presidente, presidente, presidente!”, gritaba la plaza llena, y completaba como si hiciese falta: “¡Sí se pudo!”.

Este primer festejo del Grito de Independencia de Amlo, alegró a sus seguidores y parece haber callado o por lo menos hacer rectificar, a una parte de sus detractores.

Ante el grito de “¡Es un honor estar con Obrador!”, que el pueblo de México emitía abajo, arriba el mandatario agradecía con el gesto de un abrazo.

A diferencia de otros presidentes, al balcón central salió únicamente con su esposa, Beatriz Gutiérrez. El pasillo de honor no fue ocupado por decenas de invitados especiales en trajes de gala.

En los balcones estaban los miembros del gabinete y sus acompañantes. En el primero, a la izquierda del Presidente, estuvieron los titulares de Hacienda y Relaciones Exteriores, acompañados de sus cónyuges.

En vez de cena lujosa, se armó una kermés en el patio central de Palacio Nacional, entre tostadas y quesadillas, aguas de tuna y jamaica, el cuerpo diplomático pudo ver la ceremonia en dos grandes pantallas.

El gobierno de López Obrador innovó en la logística de este primer Grito, la primera es que sólo cerraron la estación Zócalo y todo transcurría de manera normal.

Las calles que desembocan al Zócalo fueron un río constante en ambas direcciones, unos iban de paseo y otros llegaban para quedarse.

Los vendedores ambulantes tuvieron permiso especial por la fecha, quienes ofrecían nuevos productos como la imagen del Amlito del monero José Hernández, replicada al infinito en llaveros y muñecos de todos los tamaños.

Miles de personas llegaron desde temprano para ganar un lugar en la plaza, mucha gente de otros estados e incluso mexicanos que viajaron desde el extranjero para apoyar al presidente.

“Póngale ahí que venimos de Querétaro”, dijo la maestra Lucía Rodríguez.

-¿Desde cuándo apoyas a López Obrador?

-Desde mi abuelo- respondió Carlos Enrique, de Huimanguillo, Tabasco, que dio así sentido generacional a la fiesta. Carlos vino con su familia y esperó desde la mañana, en un lugarcito privilegiado frente al balcón central.

Por otro lado, las benditas redes sociales jugaron otra vez un papel importante donde los críticos manifestaron que fue excelente, magnánimo y sobrio el Grito.

Ante tal muestra de cariño de la gente hacia el actual mandatario, las reacciones de los ex presidentes de México como Vicente Fox, quedaron plasmadas en las redes, Fox quien dio su último Grito en Dolores Hidalgo porque la plaza capitalina estaba en manos de la protesta, vio a López Obrador muy “solito” en Palacio.

Felipe Calderón su sumó a la ofensiva tuitera: “¿Por qué distorsionar la tradición del Grito, una ceremonia que nos une a los mexicanos?, ¿se trata de hacer que también eso nos divida?”.

Calderón nunca podrá presumir un Grito como el de la noche del domingo. En 2008, por recordar un año, la fiesta de Felipe Calderón terminó mal por el ataque con granadas en Morelia, su tierra, el lugar donde el panista quiso comenzar su guerra contra el narcotráfico.

Por su parte, en 2013, Enrique Peña Nieto no lanzó ni una arenga de más. Cuatro veces bajó la vista para leer los nombres que decía pronunciar y se hace recordar por el acarreo mexiquense y los lujosos vestidos de su ex esposa.

López Obrador, a diferencia de los anteriores, logró unir las voces en una sola llegado el momento cúspide del ritual. Hubo vivas a los héroes, mujeres y hombres, de la Independencia, y el Presidente agregó personajes e ideas inobjetables: a las madres y padres de la patria, los héroes anónimos, el heroico pueblo de México, las comunidades indígenas, la libertad, la justicia, la democracia, la soberanía, la fraternidad universal, la paz y la grandeza cultural del país.

Tres “vivas” a México remataron y la plaza se rindió ante el presidente que ondeaba la bandera nacional.

Antes de irse, se escuchó una última arenga del pueblo, tal vez nunca escuchada tras una concentración popular en el Zócalo: “¡Recojan su basura, recojan su basura!”. México está cambiando.